miércoles, 11 de enero de 2017

SIGO FINGIENDO



Contemplo el fugaz florecer y marchitarse de las flores
y siento envidia hasta la locura porque ellas son.
Llegan, pequeñas o grandes,
las olas hasta la orilla:
y ellas, con o sin corona de espuma,
son.

Gusten o no,
las nubes oscuras
y las albas también, andan por el cielo
y se paran -a su antojo o al del viento-;
así son,
y no preguntan
ni se preguntan.

Surge la luna,
solo un trocito moruno,
o hasta plena;
y aunque no alces la cabeza,
ahí está, siendo ella
incluso si no alumbra
ni un poema ni una pena.

Los trinos del colorín,
en su frenético trajín
sobre la rama
también resuenan auténticos,

magnéticos.

Mientras ocurre esto,
yo -lo que quiera que sea eso-
vuelvo a salir al ruedo
y no recuerdo por qué,
pero sigo fingiendo. 


 

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