martes, 10 de enero de 2017

CONVERS(O)CIONES: BÚSQUEDA



Es aquí donde he de buscarte, también hoy:
entre las voces y eternizadas risas
de una oficina
que envejece
sin llegar nunca a morirse del todo
(moribunda para siempre).


Aquí, en el aire enrarecido
de resoplidos,
de prisas,
de humanos que le hablan
a pantallas fabricadas
en lejanos territorios desconocidos,
aquí, he de buscarte.

Las plantas que adornan los puestos de algunas mujeres
intentan crecer,
pero solo se bañan de raquitismo,
de anhelo
por subir al cielo,
y no lo consiguen si no se ahílan:
las luces fluorescentes
no alumbran alegría para más.

¡Teclados, teclados!,
¡tica tica!
¡toca toc!,
hacia todos los puntos señalados
por una rosa de los vientos imaginaria
-delante, detrás, a los lados-:
voces, y siempre, ¡tica-tica, toca-toc!,
y siempre
pasos
-otra vez esos tacones en mi herida-
y chirridos de bisagras vencidas.

Desde hace días
las ventanas están selladas
y no entra la brisa
(si es que aún vive ahí fuera).
Pero a cambio, un agujero en la pared
escupe un vientecillo artificialmente recalentado
que va raspando coronillas ocupadas
en mantener la sumisión
a su misión.

¿Y dentro del forzado movimiento
infinitas veces respirado
que el hombre-dios se empeña en recrear,
he de buscarte yo?

Ni siquiera sé si lucen las nubes,
o si luce el sol,
(dentro, no);
toses, estornudos,
nuevos cantos agriados
quizá de alguien que no quiere (o no puede) perder
algunas monedas de su salario.

Y ahora toca
tocata y fuga
de estridencias telefónicas
en cuasi-perfecta sincronía,
emitiendo energía
ponzoñosa
en el mismo espacio-tiempo
que la agonía de cada día.
Pues ahí, ahí,
(parece) he de buscarte.

Entre el combate de esgrima
por la nómina
de nuevo reducida,
frente a una petición recibida
con psicológica preñez de urgencia imaginada y mortal...
ahí, intento (debo intentar)
hallarte.

Pero pierdo 

todas las hojas de mis ramas.
Así que me invento un reloj de cuco,
lo cuelgo en la pared y convoco a la avecilla,
que, obediente, se asoma:
"han pasado dos horas..."
Siento cómo la relatividad del tiempo y del espacio
se hace carne y ansia de alma
en esta granja
de cánceres inminentes.
Y aquí debo vivir,
condenado a buscarte
para siempre.



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