viernes, 30 de diciembre de 2016

VIVIENDA PARA TODOS



Entre aquellos seres del bosque no había nadie sin vivienda. Cuando un joven alcanzaba la mayoría de edad y abandonaba la seguridad del hogar familiar, la búsqueda de vivienda estaba entre sus prioridades, cierto, pero no suponía motivo de preocupación. Lo mismo ocurría con aquellos que enviudaban o que terminaban su relación de pareja. En fin, para estos seres no era problema el disponer de un sitio apacible, confortable y cálido en el que resguardarse y sentirse razonablemente seguros.

El mecanismo operativo seguido era el siguiente. En cuanto uno necesitaba una, seleccionaba el emplazamiento y la altura deseada, y, durante varios días, ayudado solo por su pico y su buena disposición, ahuecaba el tronco elegido hasta hacerlo confortable. Cuando se producía un cambio en el estado civil o los hijos se buscaban su nueva vida, esa casa quedaba disponible para los otros miembros de aquella especie, desconocida aún para los hombres del bosque con los que convivían, tan poco interesados en mirar hacia arriba. Y por falta de señales no sería, que aquellos seres tenían el suelo perdido de plumas verdes. 



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