lunes, 5 de diciembre de 2016

CONVERS(O)CIONES: SACRO-IRIS



Otra vez, estaba perdido.
Otra vez.
Otra vez...
Conducía como un zombi
dirigido por pensamientos descontrolados,
convulsionado por emociones brumosas
que solo me provocaban más rechazo,
también de mí, también de Todo. 


Noche estancada
en la que caía de nuevo.
La carretera se estrechaba.
Y cuando miré por la ventanilla, en un adelantamiento, cerca del km 167,
ahí estabas, brillante, 

mostrándote concentrado en siete colores 
porque ni siquiera entre las dos nubes oscuras,
en las que también te eternizas
era
yo
capaz de verte.

Gracias.

Tú lo sabes bien:
de verdad quisiera
que cubrieras mi lienzo
con lo que decidas pintar.
Aunque no sé si te agradará la idea...yo lo miro y
blanco,
precisamente,
lo que se dice blanco,
no lo veo;
sería una lástima 

que Tu Arte quedara distorsionado.



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