martes, 13 de diciembre de 2016

JUSTICIA



         

-Y desde ese día, al llegar la hora del desayuno, se pedían café con tostada y ocupaban las mesas disponibles. !Qué revuelo se formaba!. Ahí estábamos todos, aguardándolos, desesperados por quitarnos el hambre como fuera. No dudábamos en dar saltitos a su alrededor, agitar los brazos y ponerles ojitos para despertar su compasión. Algunos opinaban que aquella opción era indigna, pero al menos así las familias del barrio podíamos sustentarnos de forma mínima: de higos a brevas conseguíamos que los gorriones nos echaran unas raquíticas miguitas de pan.


Con una mirada ausente, el abuelo cerraba, despacio, nuestro álbum de fotos.


 

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