jueves, 20 de octubre de 2016

Vacaciones

Nada más llegar a la oficina comenzó a entrar en los despachos de los jefes para abrazarlos, e incluso besarlos en muchos casos. Bajó al Departamento de Recursos Humanos y allí abrazó a todos. Daba abrazos a diestro y siniestro. Luego le llegó el turno a sus compañeros. Apretaba contra sí incluso a aquellos a quienes no soportaba. Endosaba besos sonoros a las mujeres y fuertes palmadas en las espaldas de los hombres. Abrazos y besos, besos y abrazos, a este, a esta, a aquellos. Lo hacía con adherencia, casi con viscosidad, como si no quisiera volver a separarse en su vida. Subió y bajó por todas las plantas del edificio, besando y abrazando, aparentemente enloquecido y dando saltitos entre sala y sala. No quedó nadie sin ser estrujado o chupado. Ni siquiera las limpiadoras o el sudoroso personal de mantenimiento pudieron librarse de su afán.

Al día siguiente volvió a la oficina muy deprimido. Ahora faltaba un día menos para unas nuevas vacaciones estivales con su familia política.

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